¿Y si pierdes tu casa?

Publicado: septiembre 13, 2007 en Reflexiona un poco

PreocupacionDe un tiempo a esta parte, no paro de leer comentarios (supuestamente reales) sobre casos de gente común, que no para de contar sus desgracias con las hipotecas, en toda esta vorágine inmobiliaria que se ha suscitado; cómo han tenido que vender su casa por no poder hacer frente a los pagos, cómo su nivel de endeudamiento financiero esta alcanzando límites sin precedentes, …..
En cualquier foro dedicado al sector inmobiliario, ó simplemente a la economía, se pueden encontrar numerosos posteos referentes a dudas y llamadas de auxilio ante un problema cada vez más acuciante. Repito una vez más, todo ello al margen de la supuesta veracidad de las fuentes, pues bien conocido es el funcionamiento de introducir “posteos falsos” por los propios integrantes de las páginas, ya sea para atraer tráfico ó para crear un aparente tema de debate que llame a los usuarios a comentar sus opiniones. No entraré ahora en las herramientas utilizadas en el marketing viral, ya hablaremos un día con calma de este tema y de cómo la publicidad hace uso de ello.

Sin embargo, si me llaman la atención varios puntos de este planteamiento, que creo debo comentar desde el punto de vista de un ciudadano de a pie, y no desde la “sabiduría universal”, de la que mucha gente hace gala en los tiempos que corren. Es curioso que, cuando surgen los problemas, todo el mundo es un experto en la materia y sabía, desde mucho tiempo antes, que ésto iba a pasar. Sin embargo, hace un par de años, no recuerdo haber leído muchas fuentes que ya predijeran estos resultados, ni muchos los que advirtieran sobre los peligros que, ahora, se han convertido en realidad.

Cierto es que la situación empieza a ser problemática, a pesar de que nuestro gobierno y las instituciones públicas implicadas se afanen en reiterarnos, una y otra vez, que es una ilusión óptica de la ciudadanía (a la cabeza me viene una frase sobre este tema, del autor James Branch Cabell: “El optimista cree que vivimos en el mejor de los mundos posibles. El pesimista teme que esto sea verdad.”; perdonadme, pero yo siempre he preferido ser pesimista ante el mundo que me rodea …..). Los ciudadanos somos quienes tenemos que vivir el día a día, y que no nos vengan a contar milongas, que la hipoteca me la mandan a mi casa, no a la Moncloa ni al Ministerio de Economía y Hacienda.

Por otro lado, es posible que un porcentaje de la población se encuentre en situaciones desesperadas, y que su única vía de escape sea contar estos temas en los foros públicos y blogs, a la espera de consejo ó ánimo por parte de sus conciudadanos (si algo ha aportado Internet a nuestra vida cotidiana es poder disfrutar de un medio de comunicación y consulta al alcance de todos los ciudadanos).
Y también empiezan a surgir las “asociaciones ó clubes de damnificados” por la situación; el agrupamiento tribal de todos los individuos que se encuentran en la misma situación. Siempre me ha parecido fantástico cómo la integración de gente con los mismos problemas, en una plataforma de representación común, puede hacer (ó crear el efecto) de que la situación se minimiza. Y esto nos tranquiliza, por qué la hipoteca la vamos a tener que seguir pagando igual, pero como todos estamos en la misma situación, pues nos sentimos mejor (“mal de muchos, consuelo de tontos”).
Sea como fuere, y le pese a quien le pese, mi opinión es que, como españoles que somos, quejarnos se nos da “de miedo”, pero actuar y buscar soluciones ya es un tema en el que tenemos mas reticencias. Sé que cada caso es un mundo, y que cada uno de los españolitos de “a pie” tenemos nuestras circunstancias.

En los años del boom, con tipos de interés irrisorios, la gente no ha parado de endeudarse, y pocos fuimos los que tuvimos que conformarnos con vivir a las afueras de las grandes capitales, por no arriesgarnos a alcanzar un nivel de apalancamiento excesivo. No recuerdo haber visto tantos coches de gama alta y de lujo (muchos de ellos de los “especuladores” que se han enriquecido con el crecimiento; otros, de los “españolitos” que, engañados, han creído que aquellos les salían regalados ó a coste ínfimo); el consumo ha ido viento en popa, las vacaciones una costumbre de obligado cumplimiento. Y encima, aún recuerdo cómo, gente de mi entorno ó conocidos con un alto grado de cercanía, me reprochaba (por no decir me arengaba) que no me introdujese en esa espiral consumista y derrochadora; “pídele un crédito al banco, si no lo vas a notar !!!”. En general, la gente se ha visto inmersa en una espiral de gasto incontrolado que ahora nos empieza a pasar factura. Hace poco leía un estudio (no recuerdo la entidad) donde se exponían las cifras de ahorro de las familias españolas y el porcentaje de las mismas en el cómputo global de la población; creo recordar unos porcentajes bajísimos, lo que no me extraña, en absoluto, dadas las anteriores circunstancias expuestas.

Pues, por todas esas razones, no me resulta raro que ahora salgan voces de queja y sufrimiento. Lo que más me molesta es que “las hormiguitas precavidas” seamos quienes tengamos que lanzar las voces de consuelo. Allá va la mía; “tranquilos, todo pasará y saldremos una vez más a flote. Pero, por el camino, muchos perderán aquellos bienes que antes parecían regalados”.

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